Cincuenta días para no morir. Día 47.
Casi nadie lo conocía pero se hizo notar gracias a sus propuestas renovadoras, su buen hablar y su cultura. Alfredo Barnechea logró encandilar al progresista que inicialmente no quería saber nada con Verónika Mendoza y el Frente Amplio. Una de sus frases más repetidas en la campaña era que el modelo fujimorista debía ser reemplazado por el modelo desarrollista de Fernando Belaunde, un poco tirado a la izquierda de lo que hizo el expresidente en sus dos gobiernos. Con eso, más la caída de Guzmán, comenzó a crecer y estuvo cerca de la segunda vuelta. Pero primero no se puso el sombrero, y después no se comió el chicharrón. Para algunos fue chocante, pero para otros fueron temas triviales. Sin embargo, el hecho de que convoque a Hernando de Soto para asesorarlo en asuntos de titulación fue el desmadre. Nadie podía entender cómo un candidato que se la pasó hablando contra el modelo fujimorista, invitaba a un fujimorista a su equipo. Eso, más los sombreros que no se puso y los chicharrones que no se comió, le pasaron factura. Los decepcionados iniciales con Vero volvieron con ella. Pese al cuarto lugar, su performance fue considerada positiva. Sin embargo, apenas terminó la primera vuelta, Alfredo salió a decir que los dos candidatos que pasaron a la segunda eran lo mismo, y que dejaba en libertad a la militancia de Acción Popular; posición que fue criticada pero que muchos consideraron podría cambiar con el pasar de los días. Hoy, a poco más de 72 horas de una elección crucial, el tío no se define y prefiere seguir en su biblioteca, mientras los barnechéveres se han comprado el pleito y hasta a la marcha de ayer han ido. Verónika Mendoza ya se pronunció: hay que cerrarle el paso al fujimorismo, y por eso debemos marcar por PPK. Vamos, Alfredo: ponte el alma, el sombrero y cómete ese chicharrón.
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