sábado, 30 de abril de 2016

Vamos a seguir haciendo memoria, así no te guste

Cincuenta días para no morir. Día 15.

Aunque sigan relativizando el pasado, aunque digan que solo "rajamos" del fujimorismo, aunque minimicen las marchas y que los marchantes dejan sucia la ciudad, aunque nos digan que nos cansemos y que tienen la libertad de expresarse sin hacer daño a nadie: vamos a seguir haciendo memoria, vamos a seguir recordando lo que fue el fujimorismo, los crímenes de La Cantuta, Barrios Altos, El Santa, los secuestros, las desapariciones, el CTS millonario a Montesinos, los robos gigantescos de las cúpulas militares y policiales, los despidos masivos, la prensa chicha que mentía y difamaba con financiamiento del Estado, los sobornos a congresistas para que se pasen al fujimorismo y a los dueños de los canales para que desinformen, el intercambio de armas por drogas con las FARC; vamos a seguir alentando a que haya gente que tome la calle, que puede dejarla tan sucia como quienes marchan "por la vida". Y lo haremos aunque se te caiga el castillo de naipes del supuesto paraíso que fueron los 90, porque seguramente leías diarios chicha, veías telenovelas y admirabas a Laura Bozzo, mientras había periodistas amenazados, políticos chuponeados, y universitarios peleando en las calles a pesar de tu frivolidad. Así como Alfredo Barnechea le dijo a Jaime de Althaus que iba "a renegociar los contratos del gas, así no te guste": vamos a seguir haciendo memoria, así no te guste.

jueves, 28 de abril de 2016

Las siete vidas de PPK

Cincuenta días para no morir. Día 13.

PPK puede meter la pata, hablar de la perra vida de los demás, irse a Estados Unidos, volver y jugar a las cartas, ser pecho frío en esta campaña, mostrar su lado más derechoso, entre muchas otras cosas. Pero nada de eso importa. Sin haber hecho una campaña buena, ha llegado a la segunda vuelta sin despeinarse y a pesar de sus errores. El crecimiento de Acuña, primero; y de Guzmán, después, lo dejaron casi fuera de juego; pero la salida ambos lo rescató del hundimiento definitivo. Después estuvo a punto de ser alcanzado por Verónika Mendoza, pero fue entonces que cientos de miles de votantes acudieron a ayudarlo, sin que necesariamente les sea simpático, con tal de que la media roja, como él mismo la llamó, no pase al balotaje. Y para su buena suerte, aún con una desventaja de 18 puntos con respecto a la primera dama de la dictadura, ahora supera a esta por poca distancia, casi un empate técnico. Y puede que siga defecándola, pero siempre habrá una bestia dentro del fujimorismo que dispare a sus propios pies. Porque por más que escondan a sus Marthas y Cuculizas, siempre habrá alguna bestia como Spadaro, Becerril o el propio Kenji que se asome. Es como poner el dedo y ver que aparece la pus, parafraseando a Gonzales Prada. El antifujimorismo va a votar por él solo para evitar el retorno de la mafia. Si PPK gana, será un verdadero caso de estudio, pues constituirá el primer caso en el mundo de un candidato que llega a la presidencia sin hacer el mayor esfuerzo. El gringo ha sobrevivido como un gato, pues ha estado a punto de morir varias veces, y todavía le quedan vidas.

domingo, 24 de abril de 2016

Pongámonos el alma.

Cincuenta días para no morir. Día 9.
Si PPK no se pone el alma, el antifujimorismo lo tendrá que hacer. Porque no se trata de ser meros espectadores y exigirle al gringo que haga esto o lo otro. PPK es un candidato con limitaciones, tanto en la forma como en el fondo, y lo más que puede hacer es sacar a voceros como Gino Costa, Sheput y Bruce, para dibujar un perfil antifujimorista. Quizás también le puede pedir compromisos en derechos humanos y lucha contra la corrupción, pero hasta allí llegamos. No le exijan que abrace las causas perdidas. Es como que Stalin le haya exigido a Roosevelt y Churchill que en sus países gobiernen los soviets como condición para derrotar a los nazis. Es como que Roosevelt le haya exigido a Stalin que haya elecciones libres en Rusia; o a Churchill que se acabe la monarquía en el Reino Unido. El antifujimorismo no puede limitarse a hacer el papel de quien hace barra a este, para que aquel no gane y evitemos irnos a la B. A diferencia del fútbol, el antifujimorismo tendrá que ponerse no solo el alma, sino los chimpunes, las medias, las canilleras, el short y la camiseta, para derrotar al fascismo peruano. Eso que debió hacer durante cinco años, tendrá que hacerlo en los últimos minutos del partido. Sin necesidad de ser o volverse ppkausa, claro está.

domingo, 17 de abril de 2016

No vale parpadear

Cincuenta días para no morir. Días 1 y 2.

Y a pesar de las vacilaciones del gringo y de la salida con todo de la hija del dictador en esta semana después de la elección presidencial, por la cual varios quedaron deprimidos por los resultados y por eso siguen mascullando su dolor, la primera encuesta difundida hoy demuestra que el antifujimorismo es más que todo eso, incluida la indefinición de cierto sector de la izquierda, que se ha dedicado a atacar al gringo como si fuera el enemigo principal. Por ahora, PPK saca ventaja y sonríe como para un comercial de Kolynos cuando Sol y Augusto le hacen preguntas, pero no debe confiarse. Y el antifujimorismo, ese que trasciende a la izquierda (porque también hay antifujimoristas liberales, entiendan), tampoco.

lunes, 11 de abril de 2016

Jornada triste

Quisiera ser irónico y gracioso como suelo ser la mayoría de veces que escribo, pero hoy no puedo. He despertado muy temprano, y he pasado media hora frente al teclado sin saber qué escribir. El domingo ha sido un día muy triste, y no entiendo qué celebran mis amigos de la izquierda, que ni con el voto rural quedan cerca de la segunda vuelta. Porque así la primera dama de la dictadura no gane en segunda vuelta, el peligro ya se consumó. El pueblo peruano le ha dado prácticamente el 50% de las bancas del Congreso al fujimorismo, que aún sin llegar al Ejecutivo, podrá hacer y deshacer. No tendrá problemas para aprobar las normas que impulse un probable gobierno de PPK, pero va a pedir condiciones, entre ellas la libertad del dictador encarcelado por graves delitos de corrupción y de lesa humanidad. Dominará el Congreso a placer y aprobará leyes contra los derechos de la gente, con el liderazgo del ppkausismo. Todo el esfuerzo desplegado, tantos escritos desde un pequeño sector de la prensa denunciando las atrocidades del pasado y los delitos del presente, tantas marchas de gente que tiene memoria en todo el país, no han servido de nada. El pueblo peruano ha decidido volver al fujimorismo más por miedo que por otra cosa. Los grandes medios de comunicación han decidido que la inseguridad ciudadana es un problema mayor que la falta de trabajo, que los derechos de la gente. No le ha importado la enorme corrupción revelada en los vladivideos, la mayor de la historia republicana; y es insensible ante las violaciones a los derechos humanos. Se ha zurrado en la memoria y en la historia. Así PPK gane en la segunda vuelta, el fujimorismo ha vencido. Ha ganado la batalla cultural y política. Aunque quién sabe, esta sea una agudización de las contradicciones, y este sistema político y económico inaugurado por Fujimori se termine con una Fujimori. Para los periodistas independientes, no subordinados a ningún poder, se nos vienen tiempos difíciles. Por mi parte, no tengo ganas de escribir más por el momento porque siento que todo ha sido inútil.

jueves, 7 de abril de 2016

Último día

Los tres meses que viviremos en peligro. Día 90.

Según las encuestas que en el Perú ya no se pueden revelar, un gringo parece sucumbir agónicamente tras haber mantenido, durante buen tiempo, la primera opción para pasar a la segunda vuelta. A inicios de la campaña se ubicaba esa posición; pero primero el hombre de la plata como cancha, y después el morado lo pusieron en aprietos. Por ello, quedó relegado al tercer lugar. Cuando estaba a punto de quedarse afuera, la caída de ambos lo devolvió a donde comenzó originalmente. Sin embargo, el hablar mal de las medias rojas no le ha costado la pérdida de puntos, pero sí que la víctima de su referencia concrete su ascenso a un inesperado segundo lugar, que podría consolidarse en los días que viene. Pese a todo, la cosa va estar de candela hasta que se cuente el último voto. Si el gringo sobrevive, la segunda vuelta es suya, y Wall Street estará tranquilo incluso si no gana. En cambio, si la media roja pasa, aunque dos mujeres peleen por la presidencia sea histórico, la derecha estará histérica.



martes, 5 de abril de 2016

Fernando Olivera

Los tres meses que viviremos en peligro. Día 88.

Desde su aparición en la política nacional, Fernando Olivera ha desatado odios y amores. En 1981 era un pulpín más cuando fue designado secretario general de la Fiscalía de la Nación. Fue él quien, en 1984, descubrió una fosa con decenas de restos en Pucayacu, asesinados por militares. Elegido diputado en 1985 por Convergencia Democrática, una coalición que lanzó la candidatura de Luis Bedoya Reyes, se desafilió de la misma para trabajar como parlamentario independiente. Allí comenzó a denunciar la corrupción del primer Alan García, y se ganó el corazón de los anti-apristas. En 1990 es reelegido, ahora con su nuevo movimiento, el Frente Independiente Moralizador (FIM), que en su corta existencia se destacó por su lucha contra la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. No se quedó en las denuncias contra García, exiliado en París, y fue crítico del fujimorismo, que institucionalizó su historia de latrocinio y corrupción el 5 de abril de 1992. Desde su escaño de congresista en 1993, y a lo largo de toda la década, también denunció las atrocidades de Alberto Kenya junto a su socio Vladimiro Montesinos. Ya era visto como el que expresaba el anti-aprismo y anti-fujimorismo. El 14 de septiembre del 2000 tocó la gloria al difundir un vídeo que mostraba el soborno de Montesinos al entonces congresista Alberto Kouri para que se cambie al oficialismo, que no alcanzó la mayoría pese al fraude electoral de ese año. Con esas pruebas, el régimen nefasto empezó a desmoronarse progresivamente hasta la huida del dictador a Japón para renunciar por fax desde aquel país. Olivera pensó que había llegado su hora estelar, y en las elecciones del 2001 se presentó como candidato presidencial. Sin embargo, la gente lo veía más como luchador anticorrupción que como mandatario, y solo nueves de cada cien peruanos le dieron su voto. El Cholo de Harvard le había ganado por puesta de mano, con su épica gesta de la Marcha de los Cuatro Suyos. Generoso, Alejandro Toledo lo designó ministro de Justicia, cargo que desempeñó por un año. La soberbia se le subió a la cabeza. El poder lo mareó. Le tiró la puerta a una colega y le gritó a otro. Se tuvo que ir a España, designado embajador allá. En el 2005 se lo ocurrió que, basado en esa experiencia, debía ser el canciller. Solo pudo ocupar Torre Tagle por tres horas, porque el ratificado presidente del Consejo de Ministros, Carlos Ferrero, decidió renunciar, dejando en el aire a todo el gabinete, incluido Olivera, que rompió palitos con Toledo. Al año siguiente se presentó otra vez como candidato, pero al ver que no pasaba la inaugurada valla electoral, buscó volver al Congreso. El pueblo castigó la soberbia que mostró en el quinquenio toledista y no sacó ni uno por ciento. Decepcionado, el popular "Popy" se regresó a la península ibérica. Allí permaneció hasta fines del año pasado, cuando anunció que sería candidato presidencial. Algunos se burlaron, otros dijeron que estaba loco. Pero lo que Olivera quería era mostrarse. Primero le tocó intervenir en un foro anticorrupción organizado por la Contraloría. Y allí Olivera estuvo on fire. Habló contra todos los candidatos, y ni el Contralor se salvó. Todo el mundo comentó que había vuelto el Popy de los 90, que era el terror de apristas y fujimoristas. Pero allí quedó, porque siguió figurando en el rubro "otros" en las encuestas. Fue su cuarto de hora en estas elecciones. Pero todavía había más. Para el debate presidencial, fue sorteado con García. Todo el mundo comentó lo que sería ese choque, pero nadie imaginó la masacre que se venía, ante un líder aprista decadente política y moralmente. En cinco minutos, Olivera le recordó, ante todo el país y en cadena nacional, que tenía que responder por el enriquecimiento ilícito, por el BCCI, por los aviones Mirage, por el fiscal Morgenthau, por su departamento de París, por el dólar MUC, por la fundación Rayons du Soleil, por el caso Lava Jato, las coimas de Odebrecht, del Tren Eléctrico, de Sergio Siragusa, las cuentas en Gran Caimán, la masacre de los penales, el comando Rodrigo Franco, por el Baguazo, por la persecución a los maestros, a los estudiantes, por las colas, los paquetazos, por la inflación, por el túnel en el que escapó Víctor Polay. Escuchar todo eso fue un ejercicio de memoria. Para los futboleros, fue como el siete a uno que Alemania le propinó a Brasil en el último mundial de fútbol. Solo faltó mencionar los narcoindultos, pero fue suficiente la humillación que Alan García sufrió ante el país entero. En el ocaso de su carrera política, Olivera volvió a hacerse una. No será elegido presidente y quizás ni pase la valla. Pero haber destruido públicamente a los dos políticos que más daño le han hecho al Perú en los últimos 30 años, en dos momentos  diferentes, nadie se lo va a quitar.

domingo, 3 de abril de 2016

Verónika Mendoza

Los tres meses que viviremos en peligro. Día 86.
En los últimos meses del año pasado pensé en votar viciado por primera vez, debido al desencanto con el elenco que ocupaba los primeros lugares de las encuestas y la decepción que me causaron las elecciones internas del Frente Amplio, en las que hubo grandes irregularidades, además del impulso inicial de su campaña como si fuera dirigida a la gente de las ONG. Sin embargo, luego me enteré que entre los candidatos estaba Alfredo Barnechea, un periodista e intelectual reconocido aquí y en otros lares, que apareció con una propuesta de cambio moderada, centrista, y explicando por primera vez cómo se iba a realizar la bendita industrialización que tanto necesita el país. Estuve interesado durante mucho tiempo en votar por él, y castigar con mi voto a una izquierda que no levantaba cabeza y que continuaba con una campaña errática. Lamentablemente, Barnechea ha tenido un marzo pésimo, y más allá de algunos de sus gestos (magnificados por cierta prensa para bajárselo, que ni siquiera quiere al centro), cometió un error que para mí es clave: convocar a su equipo a Hernando de Soto. No se puede confiar una responsabilidad a un personaje que se subió al carro fujimorista en la década de los 90, y que luego apoyó entusiastamente a Keiko Fujimori en el 2011. No se puede combatir al modelo fujimorista convocando a uno de sus impulsores. Qué oportunidad ha perdido Acción Popular de retornar al poder luego de tres décadas, pues lo de Valentín Paniagua fue un azar del destino.
Por eso, ahora votaré por Verónika Mendoza. A pesar de sus jipis insoportables, sus barrabravas achorados que te descalifican si los criticas, de sus acólitos achorados que salivaban cuando Guzmán se cayó, de los que maltrataron a gente importante del campo progresista porque los consideraban "impuros" y no les permitieron sumarse al proyecto. A pesar de periodistas que pierden objetividad colocando fotos y memes de Verónika en su facebook, y uno se queda con la duda de si es fanatismo o amor platónico por la candidata. A pesar de los que descalificaban a Barnechea no por su propuesta, sino por exaprista y taurino, cuando Alfonso Barrantes, el más grande líder que ha tenido la izquierda peruana, también tuvo esa pertenencia política y esa afición. A pesar de los sonsos que lo trataban de "pituco" y "virrey". A pesar de los que decían que las encuestas eran un fraude, pero ahora celebran que está a un paso de la segunda vuelta. Lo haré a pesar de todos ellos, que no son la mayoría, por cierto, pero hacen más escándalo. Y porque finalmente, Verónika, sin acercarse todavía a la grandeza de Barrantes o Javier Diez Canseco, es más que toda esa gente. Y lo ha demostrado en la campaña. En vez de seguir consejitos de esa gente, como que solo haga campaña con bicicletas en la avenida Arequipa o con música trova en el parque de Barranco, le hizo más caso a otra gente, más inteligente y sensata, entre los que figura un pelado brillante, que tenía que ir al pueblo y dejar de hablarle a las ONG. Que tenía que visitar los mercados, los asentamientos humanos, los cerros, las provincias, las montañas, el Perú profundo. Y su discurso tomó un tono más empático, más cercano a la gente. Ayudaron Aldo Mariátegui hablando un francés feo y un tal Mijael que dirige un portal para desprestigiar a otros que sí hacen periodismo. Ayudó la salida no medida con la misma vara de Guzmán, que los mismos barrabravas celebraron, aunque otros más sensatos criticaron. Todo eso, sumado a su perserverancia y paciencia, la han colocado en la antesala de la segunda vuelta. No me subo a ningún coche, a diferencia de cierta gente que criticaba a la izquierda oenegera y caviar, y que se creía del pueblo, y ahora está bien juntito a ella, acaso necesitado de reconocimiento. Esto es una toma de posición, y lo hago sin alegría ni entusiasmo. Es lo que hay. No pretendo convencer a nadie, no pienso discutir con nadie, y tampoco le hago campaña a nadie, porque soy periodista. Escriban lo que quieran. Eso de terruca no lo cree ni mi sobrina de nueve años. Y con su permiso, voy a comer mi pan con queso y mantequilla. La próxima que sea de chicharrón, tan rico que es.