jueves, 28 de abril de 2016

Las siete vidas de PPK

Cincuenta días para no morir. Día 13.

PPK puede meter la pata, hablar de la perra vida de los demás, irse a Estados Unidos, volver y jugar a las cartas, ser pecho frío en esta campaña, mostrar su lado más derechoso, entre muchas otras cosas. Pero nada de eso importa. Sin haber hecho una campaña buena, ha llegado a la segunda vuelta sin despeinarse y a pesar de sus errores. El crecimiento de Acuña, primero; y de Guzmán, después, lo dejaron casi fuera de juego; pero la salida ambos lo rescató del hundimiento definitivo. Después estuvo a punto de ser alcanzado por Verónika Mendoza, pero fue entonces que cientos de miles de votantes acudieron a ayudarlo, sin que necesariamente les sea simpático, con tal de que la media roja, como él mismo la llamó, no pase al balotaje. Y para su buena suerte, aún con una desventaja de 18 puntos con respecto a la primera dama de la dictadura, ahora supera a esta por poca distancia, casi un empate técnico. Y puede que siga defecándola, pero siempre habrá una bestia dentro del fujimorismo que dispare a sus propios pies. Porque por más que escondan a sus Marthas y Cuculizas, siempre habrá alguna bestia como Spadaro, Becerril o el propio Kenji que se asome. Es como poner el dedo y ver que aparece la pus, parafraseando a Gonzales Prada. El antifujimorismo va a votar por él solo para evitar el retorno de la mafia. Si PPK gana, será un verdadero caso de estudio, pues constituirá el primer caso en el mundo de un candidato que llega a la presidencia sin hacer el mayor esfuerzo. El gringo ha sobrevivido como un gato, pues ha estado a punto de morir varias veces, y todavía le quedan vidas.

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