Los tres meses que viviremos en peligro. Día 86.
En los últimos meses del año pasado pensé en votar viciado por primera vez, debido al desencanto con el elenco que ocupaba los primeros lugares de las encuestas y la decepción que me causaron las elecciones internas del Frente Amplio, en las que hubo grandes irregularidades, además del impulso inicial de su campaña como si fuera dirigida a la gente de las ONG. Sin embargo, luego me enteré que entre los candidatos estaba Alfredo Barnechea, un periodista e intelectual reconocido aquí y en otros lares, que apareció con una propuesta de cambio moderada, centrista, y explicando por primera vez cómo se iba a realizar la bendita industrialización que tanto necesita el país. Estuve interesado durante mucho tiempo en votar por él, y castigar con mi voto a una izquierda que no levantaba cabeza y que continuaba con una campaña errática. Lamentablemente, Barnechea ha tenido un marzo pésimo, y más allá de algunos de sus gestos (magnificados por cierta prensa para bajárselo, que ni siquiera quiere al centro), cometió un error que para mí es clave: convocar a su equipo a Hernando de Soto. No se puede confiar una responsabilidad a un personaje que se subió al carro fujimorista en la década de los 90, y que luego apoyó entusiastamente a Keiko Fujimori en el 2011. No se puede combatir al modelo fujimorista convocando a uno de sus impulsores. Qué oportunidad ha perdido Acción Popular de retornar al poder luego de tres décadas, pues lo de Valentín Paniagua fue un azar del destino.
Por eso, ahora votaré por Verónika Mendoza. A pesar de sus jipis insoportables, sus barrabravas achorados que te descalifican si los criticas, de sus acólitos achorados que salivaban cuando Guzmán se cayó, de los que maltrataron a gente importante del campo progresista porque los consideraban "impuros" y no les permitieron sumarse al proyecto. A pesar de periodistas que pierden objetividad colocando fotos y memes de Verónika en su facebook, y uno se queda con la duda de si es fanatismo o amor platónico por la candidata. A pesar de los que descalificaban a Barnechea no por su propuesta, sino por exaprista y taurino, cuando Alfonso Barrantes, el más grande líder que ha tenido la izquierda peruana, también tuvo esa pertenencia política y esa afición. A pesar de los sonsos que lo trataban de "pituco" y "virrey". A pesar de los que decían que las encuestas eran un fraude, pero ahora celebran que está a un paso de la segunda vuelta. Lo haré a pesar de todos ellos, que no son la mayoría, por cierto, pero hacen más escándalo. Y porque finalmente, Verónika, sin acercarse todavía a la grandeza de Barrantes o Javier Diez Canseco, es más que toda esa gente. Y lo ha demostrado en la campaña. En vez de seguir consejitos de esa gente, como que solo haga campaña con bicicletas en la avenida Arequipa o con música trova en el parque de Barranco, le hizo más caso a otra gente, más inteligente y sensata, entre los que figura un pelado brillante, que tenía que ir al pueblo y dejar de hablarle a las ONG. Que tenía que visitar los mercados, los asentamientos humanos, los cerros, las provincias, las montañas, el Perú profundo. Y su discurso tomó un tono más empático, más cercano a la gente. Ayudaron Aldo Mariátegui hablando un francés feo y un tal Mijael que dirige un portal para desprestigiar a otros que sí hacen periodismo. Ayudó la salida no medida con la misma vara de Guzmán, que los mismos barrabravas celebraron, aunque otros más sensatos criticaron. Todo eso, sumado a su perserverancia y paciencia, la han colocado en la antesala de la segunda vuelta. No me subo a ningún coche, a diferencia de cierta gente que criticaba a la izquierda oenegera y caviar, y que se creía del pueblo, y ahora está bien juntito a ella, acaso necesitado de reconocimiento. Esto es una toma de posición, y lo hago sin alegría ni entusiasmo. Es lo que hay. No pretendo convencer a nadie, no pienso discutir con nadie, y tampoco le hago campaña a nadie, porque soy periodista. Escriban lo que quieran. Eso de terruca no lo cree ni mi sobrina de nueve años. Y con su permiso, voy a comer mi pan con queso y mantequilla. La próxima que sea de chicharrón, tan rico que es.
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