domingo, 27 de marzo de 2016

Respétalo a Lapadula

Los tres meses que viviremos en peligro. Día 79.

En su perra vida, Pedro Pablo Kuczynski jamás imaginó que podría disputar una elección a la presidencia de la república. Lo máximo a lo que había aspirado en su vida es a controlar algunos negocios privados. La diosa fortuna tocó su puerta cuando, en el primer gobierno de Fernando Belaunde, en aquel último año en que tomaron las riendas los "termocéfalos" tras la renuncia a la vicepresidencia de Edgardo Seoane (del ala progre del partido de la lampa), se coló en la administración pública, específicamente en el recién fundado Banco Central de Reserva. Fue acusado de un desembolso a la International Petroleum Company, y huyó a los Estados Unidos. En el segundo gobierno de Belaunde, PPK fue designado ministro de Energía y Minas. Tras varios años de silencio político, en 2001 volvió como asesor económico del equipo de Alejandro Toledo. El Cholo de Harvard lo designó dos veces ministro de Economía, y luego jefe de gabinete. PPK nunca imaginó llegar tan alto. De ser un hombre en la sombra fue, durante poco menos de un año, el segundo hombre con más poder en el Perú. La vaina le gustó al gringo, y entonces decidió llegar a la presidencia. No tenía partido, pero aprovechó sus cercanías con el Partido Popular Cristiano, cuyos líderes le tenían simpatía; y de paso lo vieron como una locomotora para mantenerse con inscripción. Además de lo ideológico, las siglas PPK y PPC no desentonaban. El gringo fue más allá y juntó a Restauración Nacional, Alianza para el Progreso y el Partido Humanista en su proyecto. Con la carne, las papas y los fideos, preparó un verdadero sancochado. Al principio el gringo de las siete décadas no prendía en el electorado; pero with a little help of his friends, some broadcasters and journalists, PPK despegó. Picarlo al Cholo también funcionó: el expresidente pisó el palito. Así, PPK recogió de a pocos los votos de su exjefe entre 2001 y 2006 y terminó tercero. Los pepecistas, junto a los seguidores de Lay, Acuña y Yehude le agradecieron; pero después le tiraron arroz. Pero PPK, muy sabido, empezó a preparar su partido propio. Con la ayuda de Gilbert Violeta, un exizquierdista sanmarquino hoy convertido al libre mercado, armaron la nueva vaina. Ha mantenido el segundo lugar durante buen tiempo, aunque solo el crecimiento de Guzmán y Acuña, en distintos momentos, lo hizo tambalear. Pero con su ausencia de estos dos, bajados a la mala por el Jurado, ha retomado su antigua posición. A los 77 años, PPK puede llegar (aunque sea) a la segunda vuelta. Sin embargo, vez en cuando se le cruzan los chicotes y un par de medias rojas, y profiere barbaridades como las que dijo de Verónika Mendoza. Eso le va a costar varios puntos de seguro. Porque a los candidatos se les respeta, señor PPK. Y a Lapadula también.

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