miércoles, 9 de marzo de 2016
Día 61
En el Paseo Colón, una par de señoritas ofrecen marcianos. Uno piensa que le dicen "marciano", pero en realidad dichas señoritas solo ofrecen sus productos para calmar el bochorno. Algunos jóvenes, sudorosos y con cara de pulpines, compran varios. Los carros se bloquean entre sí buscando pasajeros. Las gentes se atropellan para cruzar la avenida. En el Parque de la Exposición, hay parejas que están sentadas en las bancas. Están allí, pero al mismo tiempo no están. Están en su mundo mágico y maravilloso. Otros miran nadar a los patos de las lagunas. En la vía Expresa del Paseo de la República, los omnibuses y colectivos avanzan lentamente. En 28 de Julio con Petit Thouars se repite la misma escena, mientras que los parques que albergaban a Haya y Mariátegui están cubiertos de un material azul. Como para que la gente se olvide de ellos. Y efectivamente, la mayoría ya los ha olvidado. Todos, los que manejan, los que viajan, los que venden marcianos, los que compran marcianos, todos son indiferentes. Quieren trabajar, progresar, avanzar. De reojo miran su smartphone último modelo, y seguramente se enteran de la exclusión del morado y del de la plata como cancha. Algunos seguramente comparten, otros comentan indignados, los demás dicen bien hecho. Opiniones divididas, seguramente. El hecho es que muchos no saben, producto de la desinformación masiva, que el candidato de los narcos no conformó su alianza de acuerdo a ley, y que tiene gente no solo en la Fiscalía y en los juzgados, sino en el Jurado. Y hasta entre los tachadores del morado. Al mismo tiempo, la candidata de la dictadura ha hecho lo mismo que el de la plata como cancha. Por lógica, a ellos también se les debe aplicar la ley. Pero eso no pasará, porque son ellos quienes tienen la sartén por el mango. El perro tomado del collar, la cuerda que jala la guillotina. Hace 16 años, todos sabían de un manejo parecido de las cosas, y sin smartphones ni nada de esas cosas, salieron a las calles. Hoy parece que no es así. Cada uno juega para su santo. Y si comentan, debaten si hay que aplicar el plan B o el plan V, cuando ambos planes pudieron ir juntos desde el principio, sin tanta superioridad moral izquierdista que hubiera posibilitado un verdadero frente amplio. Mientras tanto, el tiempo pasa, el tiempo no se detiene, el tiempo sigue su curso, nos cuenta el relator deportivo de RPP, la radio favorita de don Alberto y don Alan, al tiempo que transmite algún partido del Descentralizado. Y la candidata de la dictadura se prepara para tomar el poder, más temprano que tarde. Y sí, ya es muy tarde para indignarse. Hubo todo el tiempo que nos ofrece la vida y no se hizo nada. De repente es necesario que otra persona de apellido Fujimori ocupe la Casa de Pizarro para que la indignación se vuelva realidad, y vuelvan esos años finales del siglo XX. Y quizás así, se produzca la contradicción y nos limpiamos de la cochinada de una vez por todas.
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