viernes, 12 de febrero de 2016

Año 2040. En el más allá.

- Don Winston, qué gusto encontrarlo aquí.
- No puedo decir lo mismo.
- ¿Cómo dijo?
- Que pienso lo mismo, qué gusto encontrarlo por aquí.
- Qué bueno. Sabe, don Churchill, siempre lo he admirado por su trayectoria, tanto en la política y la literatura.
- Se lo agradezco mucho.
- Recuerdo cuando leí sobre usted, en los libros de historia que nos llevaban en la escuela estatal de Chimbote.
- ¿Dónde queda eso?
- En Perú.
- Ah caramba, en América del Sur. Y bueno, ¿qué decían esos libros de mí?
- Pues bueno, que usted se enfrentó al nazismo en la segunda guerra mundial.
- Es cierto. Me tuve que aliar con el pretencioso de Roosevelt y el autoritario de Stalin. No me quedaba otra, porque al frente teníamos a los nazis.
- ¿Y cómo hizo para juntarse con ellos?
- Realpolitik, pues, Cholo. Primero evalué quién era el enemigo principal. Con quien más diferencias tenía era con el loco de Stalin. Pero después resolví que era el mal menor, y que era peor que Hitler.
- ¿Sabe? En Perú también estuvimos en esa disyuntiva del mal menor, en los primeros años de este siglo.
- ¿Cómo así?
- Pues que la gente no estaba conforme con los candidatos presidenciales. Y siempre elegía al mal menor. Pero conmigo hubo una diferencia.
- ¿Ah sí? ¿Cuál?
- Que yo no fui el mal menor. En el 2000 lideré la Marcha de los Cuatro Suyos para que caiga el dictador Fujimori. Y en el 2001, el pueblo me eligió ante Alan García, quien causó la segunda hiperinflación más grande de la historia después de la República de Weimar, antes de la llegada de los nazis.
- Interesante. ¿Y quién llegó después de esa hiperinflación?
- Fujimori.
- Vaya, vaya. Pero si el pueblo peruano lo eligió ante el tal García, fue porque usted era una especie de mal menor.
- No le permito... perdón, con todo respeto. Hicimos un buen gobierno, quizás el mejor de esos años.
- ¿Y después volvió al poder? Porque todo político quiere volver al poder.
- Claro que lo intenté, en el 2011. Pero el pueblo no me eligió.
- ¿Por qué?
- Porque eligió al mal menor.
- Pero, ¿no se supone que hizo ese gran gobierno? ¿Porque no lo eligieron de nuevo? ¿No la habrá malogrado en algo usted?
- Bueno, sí. Pude hacer un buen gobierno pero no reconocí a mi hija con otra mujer a tiempo. Y me hicieron fama de alcohólico, de drogadicto.
- Pero caramba, todos tenemos nuestras debilidades.
- Es verdad.
- Además, a mí me gustaba mi traguito y mi polvito.
- ¿En serio?
- Claro.
- Entonces, ¿a usted por qué lo respetan en su país? ¿Por qué a mí me aplauden solo en Wall Street y no en Perú?
- No puedo saberlo. Ya eran otros tiempos. En los míos era diferente la cosa. Y hasta gané un premio Nobel.
- Y yo recibí a uno en la India.
- ¿En la India? ¿Esos premios no se dan en Suecia?
- No, que recibí a un ganador del premio Nobel en la India. Porque a mí me aplauden en Wall Street, pero no en mi país.
- Cholo pretencioso.
- Pretencioso serás tú, gringo borracho.
- ¿Qué dijiste?
- No dije nada, debe ser la señal.
- Olvídalo. Vamos por unos whiskis.
- Y que sean de etiqueta azul, como en mi gobierno.

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